26 sept. 2010

"No tiene que ser bueno consentir todo a los niños..."

A veces se confunde el cariño con la dejadez, el miedo o la impotencia.

Dejar hacer al niño/a todo lo que se le antoja puede acarrear consecuencias negativas conforme crezca.
¡Pero es que es tan tierno! ¡Qué lastima da verlo llorar!

...Y asistimos a niños de más de 3 ó 4 años con chupete; a muchachitos que solo toman leche en biberón o a adolescentes que siguen conservando sus privilegios más infantiles, como un Peter Pan sin ganas de madurar.
Esto es aun más evidente en caso de padres separados, por miedo a caerle mal al niño, a perder su simpatía...

Amor y proteccionimo. La pregunta que hay que hacerse es esta. Padres: ¿Creeis que en el futuro la sociedad le seguirá consintiendo de igual forma?
¿Les estamos preparando para un mundo real, competitivo, en cuanto a rutinas, horarios, costumbres etc...? ¿Siempre vamos a estar al quite para mimarlos... quitándole algo a los demás en su beneficio?

Ver la TV hasta altas horas, tener de todos los tecnicismos en su cuarto, decidir qué se come en casa (tanto al acompañarnos al mercado como abriendo a su antojo la despensa o frigorífico... Son algunos caprichos perdurables.

Desde luego que aún son niños o bebés... pero cuanto antes vayamos haciéndoles ver el panorama, mejor forjaremos su personalidad. Eso es educar.

Dialogando pero encauzando. Tutorizando, como ese palito (o tutor) que se les pone a los árboles cuando son pequeñas plantas que pueden doblarse al viento... o partirse.
Para todo ello hay una palabra milagrosa -aunque muy dura a corto plazo-:"No". Hay que practicarla.
Es por su bien.

No hay que olvidar que antes que ser amigos o "coleguis" de los niños, lo nuestro es una relación de padres a hijos. Porque sabemos más de la vida que ellos, a pesar de no tener cuenta en una red virtual o no saber manejar la videoconsola.

Siempre habrá excepciones, fiestas, cumples, vacaciones... Pero la vida no puede convertirse en un permanente parque de atracciones. Hay que hacer bien los deberes y hay que comer de todo. Y guardar su turno, haciendo caso al profesor (que es uno de los que má puede ayudarle a madurar)

(...Y ahora voy a jugar un poco con el chico, que los mayores en la Universidad, ya se valen sin su padre...)