7 jul. 2011

El color de las heces

Para responder acerca de la normalidad o no de las deposiciones del lactante, se hace necesario conocer su edad y el tipo de alimentación, ya que el aspecto, la cantidad y su frecuencia siguen un patrón distinto según los días de vida y la dieta ingerida.

Las heces se forman en el colon a partir de los residuos de los alimentos no absorbidos, mezclados con las secreciones del tubo intestinal (incluyendo páncreas e hígado). Durante las primeras 24 horas, el bebé defeca unas heces de color negro, pegajosas o adherentes como la brea, que se denominan meconio. Contiene bilis y líquido amniótico junto con células descamadas del intestino, de la piel, e incluso pelos y esa secreción blanquecina que recubre al feto, llamada vermis caseosa.

Después, durante los siguientes 4 a 6 días, en las heces del recién nacido se mezcla el meconio con materiales fecales. Estas constituyen las heces de transición, cuyo color se va aclarando, pasando de ser verdosas a componer una gama de colores otoñales desde el amarillo hasta el marrón, variando según el tipo de lactancia recibida. Así, si se alimenta al pecho, suelen ser más amarillas, doradas, y más sueltas o ligeras. En cambio, tomando el biberón, las deposiciones se presentan más compactas, como la plastilina o semisólidas, y más pálidas; no siendo extraño que resulten de color verde brillante, bien al evacuarlas o tras un rato de darle el aire, y esto puede pasar con cualquier tipo de lactancia.

El olor también varía en función del tipo de alimentación. Es más intenso y parecido al del adulto en caso de fórmula artificial, pues al ser elaborada a partir de leche de vaca, contiene un perfil de aminoácidos que fermenta de forma distinta al de la leche materna, cuyo olor suele ser más neutro o incluso aromático, por la presencia de proteínas homólogas, además de las bifidobacterias saludables que ayudan a equilibrar el intestino y favorecer el sistema inmunológico. Bacterias buenas, junto con sustancias llamadas prebióticos  con las se vienen complementando las fórmulas en un afán de imitar a la naturaleza humana.

El número de deposiciones en el recién nacido es extremadamente variable. Puede oscilar entre una vez cada tres días, hasta llegar a doce deposiciones cada 24 horas; considerándose ambos casos los límites de la normalidad, a valorar por su pediatra. En general, las heces del lactante alimentado a pecho son más líquidas y frecuentes que las del lactante alimentado de forma artificial. Sin embargo, no es de extrañar que un niño alimentado a pecho presente intervalos largos, cada 24 o 48 horas o aun mayor tiempo. Esto no significa estreñimiento, aunque las heces sean duras y secas. A veces, puede ser consecuencia de una alimentación escasa, por insuficiente leche materna o falta de líquidos, sed relativa. Habrá que vigilar la ganancia de peso para diagnosticar si es debido a esa hipogalactia materna.

En el momento en que se empieza a introducir variados alimentos, las heces cambian de aspecto y color. Las frutas y verduras dan, a veces, distintas tonalidades según la porción de materia fecal observada. Incluso pueden verse trozos de comida sin digerir, con hebras, cubiertas o pellejos en las mismas (lientería). Esto suele desaparecer cuando va madurando el bebé y no indica necesariamente patología, tan solo que no se ha digerido por completo la comida.

Conforme crece el lactante, la consistencia de las deposicones se hace más sólida y además se van oscureciendo. Al ingerir los primeros purés con proteínas como la carne, este cambio de color a oscuro es más evidente, ya que las fibras cárnicas contienen el pigmento mioglobina, parecido a la hemoglobina de la sangre, que al oxidarse se oscurece (de ahí que la morcilla tenga color negro). De la misma forma, si el lactante ingiere sangre porque la madre tenga una grieta en el pezón, o bien el lactante presenta una úlcera en el tubo digestivo, la digestión de la sangre puede traducirse en la presencia de deposiciones de color negruzco (melenas).

Cerca del primer año, la mayoría de los niños suelen defecar, aproximadamente, una vez al día. Pero no todos. 

Definir diarrea o estreñimiento es cosa de médicos, teniendo por supuesto en cuenta la edad del niño. En el alimentado al pecho, ya hemos comentado que si presentara numerosas deposiciones en el curso de 24 horas (10 ó 12) pero estuviese comiendo bien, ganando peso, y en buen estado general, eso no significaría enfermedad; no debería llamarse diarrea. En cambio, otros niños, pueden tener tan solo una o dos deposiciones, pero tan abundantes que podrían llegar a deshidratarse. Todo es relativo.

La diarrea más frecuente en el primer año es la producida por infección intestinal, cuyo tratamiento pasa por un mayor ofrecimiento de líquidos y alimentos astringentes (arroz, zanahoria, manzana, plátano, yogur…). Otras veces su causa es la intolerancia a la lactosa, que se acompaña de heces espumosas y aumento de gases. En tal caso, habría que recurrir a fórmulas sin este famoso azúcar, que se encuentra en multitud de alimentos elaborados, además de en la leche.

Cuando las heces se eliminan en largos intervalos, y también son pequeñas, duras y secas podemos hablar de estreñimiento. Muy poca veces tal estreñimiento es tan pronunciado que origine una obstrucción intestinal. Conviene recalcar que la evacuación de heces con sangre puede aparecer por motivos banales durante la lactancia, pero obliga a un seguimiento, para descartar si se debe a la sangre de una grieta del pezón materno (bastante frecuente); a una fisura anal por estreñimiento previo; o a una inflamación intestinal, por infección (parásitos, enterobacterias…) o intolerancia alimentaria (leche de vaca, soja…) entre otras causas. Pero esto ya es otro tema.

Las heces son un subproducto de la digestión. Ningun régimen de alimentación debe empeñarse en dirigir sus pautas para conseguir unas deposiciones con unas características determinadas. A veces nos consultan padres y cuidadores obsesionados con el aspecto de las mismas, sin contemplar el estado de salud general del bebé. Esa ansiedad se produce por el contraste con lo que ven y lo que ellos tienen entendido como evacuaciones normales. Y la normalidad, ya hemos aclarado, es muy diversa. 

Recuerdo en el Servicio de Urgencias, un frecuente motivo de consulta así verbalizado: “Doctor, mi niño hace la caca fea..”, ante la cual, uno de mis veteranos maestros, en actitud tranquilizadora, solía responder: "se conoce que habrá alguna caca bonita, pero aquí aún no la han traído”.

¿Sabías que las heces de color… pueden ser debidas a… o inducen a pensar en ….?
Negras (como la pez o la morcilla): meconio, arándanos, hierro, bismuto, plomo, regaliz, tierra, carbón, sangre digerida (del pezón sangrante).
Rojas: sangre, gelatina roja, medicamentos contra lombrices, infección por bacteria serratia.
Blancas (como masilla de vidriero): enfermedad hepática, esteatorrea, antiácidos (sales de aluminio).
Verdes (¡muy frecuentes y normales!): lactancia materna, fórmulas especiales, tránsito acelerado.
Rosas (pero no tanto como para enmarcarlas): jarabe de diacepan, ingerir algunas pastas dentífricas.

¿Sabías que el reflejo gastrocólico desencadena la defecación y consiste en la aparición de ondas por todo el colon con motivo de la distensión del estómago al llegar la comida?


Publicado por Victor Bolívar, también en la Revista MI PEDIATRA, mayo de 2011.