26 ene. 2011

Tratamiento de gripe y resfriados (para medianos y grandes)

A veces los médicos nos merecemos nuestra propia medicina.
Aún convaleciente, voy a narrar en caliente el tratamiento de la gripe y los resfriados, especialmente para los adultos y adolescentes, que también enferman de vez en cuando, ¿no?

Cada año un profesional atiende a varios millares de personas con procesos similares, infecciones respiratorias, de entre los más de 7000 actos médicos que, mogollón arriba o abajo, tratamos anualmente.
Y prácticamente banalizamos el tratamiento, incluso catalogándolo como el síndrome del japonés “Tosymoco”. ¡Y mira que se siente uno malito!
Pues bien. Resulta que estaba saliendo la cabalgata de Reyes el miércoles y me asomé al balcón porque justo a los pies de mi centro de salud, partían sus majestades. Y ahí ya estaba yo incubando la Gripe o lo que sea…
Ha sido una semana fastidiada, que tan solo me ha hecho guardar cama un día y faltar al trabajo, por la dignidad moqueril y evitar contagios que por la impotencia andaril y sostenuta. Lo suficiente para variar el ritmo de la vida.
Los pródromos o comienzos suelen ser inespecíficos, fundamentalmente, un disconfort, mal carácter, y una sensación de embotamiento que inunda la cabeza. Estoy malo, jopé.

Al día siguiente se levanta uno con el apodado “trancazo” o mal cuerpo. Los síntomas que se instalan recorren cada parte de la economía corporal añadiendo el sufijo “-itis” a cuanto le interesa. Rinitis, faringitis, glositis, laringotraqueitis… algo de bronquitis, neumonitis… cuarto y mitad de boquerones…, en fin una Cuerpitis general. Y a moquear, con los ojos rojos como Vlad el empalador.

Así medio empalado, uno no tiene gana de ná. La napia congestionada te priva del enorme placer de la mesa, y por tanto, del gusto. (El gusto no es más que el olfato registrado en las fauces.) ¿No has comprobado que no te sabe a nada la comida cuando estás resfriado, que el campo parece una postal y algunas mujeres -y hombres- maniquíes de escaparate…?
El día en que se invente el cine en olores, me cambiaré de tele. (Supongo que empezarán sacando un cine básico en tres olores: Fragancias, tufillos y pestazos, al que luego irán entreverando las esencias… Trabájese el tema, ingenieros narigudos, que esta no es mi especialidad, sugiero.
Aprendí a valorar el sentido del olfato cuando me partieron la napia hace más de 30 años y estuve varias semanas taponado y vendado como la momia Nefertiti. Sin olfato, uno se encuentra perdido, sin poder disfrutar de los bares carentes de humos . Y de todo los demás. Una pena.
Sigamos.


Autodiagnosticado de síndrome gripal, consulté con mi médico. ¿Qué me tomo, doctor…? Y con sabiduría hipocrática me contestó… ¿Qué te sueles tomar tú…? Hale, y se quedó tan pancho.

Las consultas atiborradas con gente con el mismo problema, resta importancia a otro caso más. Pobrecillo, resfriado... Aspirina y coñac, me apuntó un médico sindicalista y cazador.

Sabía que la pelota estaba en mi tejado. Que habría que aplicar la segunda componente de la Medicina. El arte (la otra, ya sabéis, es la Ciencia)

Entonces, me dije: ¡Qué buena oportunidad para repasar mi praxis médica!

Y me cuestioné lo siguiente:

¿Resulta eficaz lo que prescribo a diario a mis pacientes de cualquier edad?

¿Podría repercutir positivamente mi experiencia “trancazo” personal sobre el abordaje del proceso gripal/catarral en la práctica clínica?


Así que con un caso N=1 y nada de doble ciego (a pesar de los ojos de Vlad el empalador) procedí a aplicarme los principios que rigen para los ensayos clínicos poco o nada aleatorizados. Que me dolía algo o me quejaba de algún síntoma, iría al botiquín casero y me trataría el síntoma. Nada de prescripciones marciales cada 8 horas, siete días, ni eso que ponemos en las recetas (porque el farmacéutico tiene que despachar algo y el paciente tiene derecho a saberse tratar). Pero el tratamiento requiere mucha letra menuda. Hay mucho que especificar y no tenemos demsiado tiempo en las consultas.

Mi tía abuela, Sofía, que vivió 99 años, y mi abuela María Luisa, que llegó a los 96, se tomaban la mitad de la mitad de la dosis prescrita por el médico, y solo el día en que los visitaba… por no hacerle un feo al doctor.


Total, lo que dicen los libros, analgésicos-antitérmicos y soporte hídrico y medicación sintomática (por si hay tos, rinorrea, vómitos, diarrea, dolores musculares… o la corpitis general.
Y estos fueron los resultados, los míos, (los de mis antepasados fueron mejores…)
En efecto, la duración del proceso gripal viene adurar una semana. (más o menos 3 días, según naturalezas). Y con diversos signos y síntomas, para los cuales aporto mi reciente experiencia personal contrastada con la profesional.

Asentando DIEZ RECOMENDACIONES, con la venia:

1. Si predomina el cansancio o Astenia, el reposo viene muy bien.¡Parecía que había subido al Himalaya!
La cafeína como estimulante ayuda si hay que realizar tareas ineludibles. Coca cola, café, te o chocolate pueden venir bien. Da igual que te tumbes o que te acuestes, pero no que vayas a bailar al Aliatar, cuanto menos esfuerzos se hagan mejor. El reposo es muy conveniente.


2. Si hay fiebre, cefalea y los dolores musculares (y no por escalar el Everest). El ibuprofeno muy efectivo por su componente triple: antidolor, anti fiebre y anti inflamación. Pero ojo, que a las dosis de 600 mg cada 8 horas, no hay tercer o cuarto día en que duela el estómago (al menos a uno de cada tres pacientes, servidor inclusive). Así que considerar a 400 mg, cada seis horas si no es muy gordo o cabezón, o tomar en formas comercializadas más suaves, que las hay.


El paracetamol también, y cada 4 o 6 horas si hace falta. Es lo más común.

(La aspirina desde este milenio, no se da a los niños por debajo de los 16 años por el rarísimo síndrome de Reye)


3. Si duele el estómago. Por efecto de la infección o por efecto secundario medicamentoso. Así, el ibuprofeno lo fastidia (por el rollo de las prostaglandinas, la capa de mucus gástrico y tal) Un omeprazol de 20 mg. viene bien.
Para evitar síntomas digestivos lo mejor es la dieta blanda, pequeñas tomas y frecuentes de lo que apetezca. Sin forzar.


4. Si predominan los estornudos, la Rinitis, o el goteo nasal. Un antihistamínico, la clorfeniramina y un vasoconstrictor nasal, tipo pseudoefedrina, solos o asociados, pueden despejar la nariz. A cambio, aturden el intelecto, y provocan en algunos enamoradizos palpitaciones. Pasado un rato, dan hambre. Con la mala sombra de que uno engulle ignorando el sabor de lo que ingiere.
Los pañuelos desechables a mano, o el rollo de papel higiénico, suavecito, evitando despellejarse la nariz y no sonándose con fuerza (riesgo de sinusitis).

Los lavados nasales con soluciones salinas, también, pero nada de gotas cortamocos, que estos vasoconstrictores locales luego dan un efecto rebote, ...y no está Gasol para palmear.



5. La tos. Tratamiento muy delicado, según sea productiva o no, asmática o irritativa y etcétera. Esto daría pie a un tratado. Aquí se deben despejar dudas y flemas. Lo mejor es tolerarla un poco. Es un mecanismo de defensa. Gracias a la tos, limpiamos las tuberías y expulsamos las flemas que estorban. Pero háztela mirar, si te preocupa.
No obstante, se puede tener mano un frasco de cloperastina (o pastillas) para la tos “normal” y usarla solo si impide conciliar el sueño, doblando la dosis si hace falta. (En casa, casi nunca gastamos más de cuatro cucharadas por cada proceso respiratorio en total, las dos o tres noches más molestas...)

Ponerse un pañuelo en el pescuezo es tan efectivo para la faringitis como liárselo en el tobillo, pero queda más mono al cuello, claro. Chupar caramelos sí va bien. Suaviza y evita que se reseque la boca, que suele estar abierta por efecto de la congestión nasal.


6. Mucolíticos. Son muy socorridos y anunciados, especialmente los derivados de la cisteína. Algo de moco arrancan y suavizan… pero… no son la panacea, y a veces molestan el estómago.

7. Medidas ambientales.
Hay que ventilar las estancias, y por supuesto no fumar (pero no incidiré en ello, porque ya desde el Ministerio, han hecho el trabajo...). El tabaco paraliza la actividad ciliar (esa especie de algas que movilizan el moco. De sobra se conoce lo que expectora el fumador empedernido cuando se resfría o tose...
Los bálsamos aromáticos untados en el pecho, (si no los unta Shakira…) a mí me dan grima, y encima, como no los percibe uno, son ganas de molestar al vecindario, oliendo a menta salvaje por el ojo de patio.
En cambio humidificar el ambiente es bueno. En torno al 60% de humedad. Conozco una señora que tras mi húmedo consejo, se mudó cerca del pantano. Su marido me mataría, tirando aún de hipoteca. Y otra que, higrómetro en mano, vive con la plancha a vapor junto a la cunita de su bebé compensando la sequedad de su calefacción. Sin pasarse, señoras, pero no me tiréis los tuperwares con agua que dejo encima de los radiadores, niños…!,
Ah, y elevar la cabecera con almohadones, se respira mejor, probadlo… y se ve mejor la tele, además.


8. Soporte hídrico. Beber, si no, no hay quien te soporte, jeje. Hartarse de líquidos está bien, pero no muy tarde o de noche, porque la vejiga repleta te despierta cuando logras quedarte dormido para ir a orinar. Y eso fastidia el sueño. En general, caldos, consomés y sopas. Zumos e infusiones a discreción. Sobre la leche, va bien, pero según caiga.

(Por la noche, mi señora me endilgaba una sopa de fideillos con huevo, jamoncito y pollo (sopa de picadillo) calentito en la mesa camilla; después ya me daba igual la película que echasen por mi tele sin olores).

9. Por supuesto nada de antibióticos, pues que se trata de una enfermedad, presumiblemente de origen viral, no complicada y en un paciente previamente sano. Lo cual es mucho suponer, hoy día…

1o. Prevención. Si consideramos que la alimentación es variada y contiene al menos cinco piezas de fruta y alimentos frescos, que no estamos sometidos a estrés, ni hacemos locuras como salir en cueros a bajo cero… y evitamos que se apague el termo en mitad de la ducha, solo nos queda recomendar la vacuna antigripal para próximos años.

¿...Estudios analíticos, confirmación serológica…? Los análisis los dejamos según criterio médico. Para cuando vengan los resultados uno ya se habrá curado.

Un cordial saludo (no besos, no abrazos que esto se pega, amigos..)

Víctor, griposo.
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20 ene. 2011

Lo que trae el nuevo año 2011

Esta vez la epidemia de Gripe ha venido de la mano con el nuevo año.

A cambio, el brote de Sarampión parece estar controlado, habiéndose detectado un descenso en el número de casos desde finales de 2010.

Como siempre, en Pediatría, los virus prevalecen en las consultas, ocasionando fiebres, síntomas respiratorios y digestivos, principalmente.

La medicación sintomática se impone, siendo el tratamiento antimicrobiano un criterio a considerar por su médico en determinados casos (potenciales complicaciones, pacientes con defensas bajas y recidivas o reagudizaciones del cuadro).

Se recuerda que en estos días, los más fríos del año (desde el 20 de enero hasta comienzos de febrero se preven temperaturas nocturnas bajo cero) hay que resguardar más a los pacientes, sobre todo por las mañanas temprano.

Por la calle, yendo en carrito de paseo, dormidos o sentados, la sensación de frío en el niño pequeño es mayor, por no estar los músculos activados con la deambulación. Así que hay que abrigarlos más, con bufandas, verdugos...incluos con mantas, aunque quien vaya detrás del carro sienta que no hace tanto frío. (El adulto va andando, tal vez acelerado, abrigado y empujando ese carrito cargado: por consiguiente puede que no sienta el frío reinante en el durmiente).

Nos felicitamos casi todos de que el humo del tabaco se esté alejando de los lugares donde pueden estar los niños, que, por cierto, también tienen derecho a entrar en los bares y restaurantes.

14 ene. 2011

Tratado de Pediatría Extrahospitalaria



Editores: DEL POZO MACHUCA, JOSÉ; REDONDO ROMERO, ANTONIO; GANCEDO GARCÍA, MARÍA DEL CARMEN; BOLIVAR GALIANO, VÍCTOR.

TRATADO DE PEDIATRÍA EXTRAHOSPITALARIA

Segunda Edición. Dos volúmenes .1768 páginas. Prólogo de Francesc Prandi Farràs

Majadahonda. Madrid. Ergon. 2011.


PALABRAS DEL CATEDRATICO PROFESOR CRUZ:

Uno de los miembros más activos de la Asociación Española de Pediatría es la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y de Atención Primaria (SEPEAP), donde comenzó por ser una Sección hace casi treinta años. De sus numerosas actividades no cuesta mucho trabajo en destacar sus congresos, el planteamiento docente de su revista Pediatría Integral y el Tratado de pediatría extrahospitalaria, que ahora muestra toda su madurez con esta segunda edición, acerca de la cual tengo la satisfacción de concretar en unas líneas de presentación sus principales características y sus méritos ciertos.

Vale la pena hacerlo en cuanto este libro se va a encontrar con una numerosa y prestigiada competencia de otros con igual significado y contenido parecido. Es un hecho curioso, ya que en los Estados Unidos de América solo se conoce bien desde 1968 la valiosa obra de M. Green y R.J. Haggerty, siendo muy escasa la representación en otros países. Tal vez lo sucedido entre nosotros es un indicio de la potente e inquieta pediatría de atención primaria, que necesitó mostrar sus señas de identidad ante una prepotente pediatría hospitalaria, cuando en los años 60 empezaron a inaugurarse los emblemáticos palacios de cristal dedicados a la medicina del niño con todas sus especialidades, primero en Madrid y Barcelona, luego en Valencia y Málaga, para seguir con otras bien conocidas. Sus medios asistenciales fueron los mejores en su tiempo y así la principal pediatría de atención primaria quedaba limitada a los “ambulatorios” casi siempre mal gestionados y sobre todo masificados, cuando en realidad era el escalón inicial y básico para atender los problemas médicos de los niños y promocionar su salud, como paso fundamental en la disminución de la morbilidad y mortalidad infantil y de esta manera contribuir a mejorar la patología del adulto.

La situación presente ha mejorado pero no carece de dificultades, entre ellas el creciente papel de las gestoras y seguros privados, cuya hegemonía les permite imponer condiciones que pueden deteriorar el rango del pediatra al mismo tiempo que colocan la asistencia pública en un nivel inferior o de mínimos asistenciales para una sanidad universal. La realidad es que nuestra atención primaria la realiza hoy un colectivo de pediatras cada vez mejor formados, que eligen esta modalidad profesional a veces por no tener su oportunidad en la red hospitalaria o porque desde un principio ven aquí ventajas tanto para su labor ante el niño y la familia, como para su misma realización personal. Tienen entre otras la oportunidad de considerar al niño más cercano a su entorno y núcleo familiar y de vigilarlo a través de los avatares patológicos y sociales desde su nacimiento hasta la adolescencia. Nada de la extensa pediatría les es ajeno, si bien no tienen más remedio que atenerse al marco señalado por la morbilidad dominante, con sus problemas respiratorios diarios casi siempre leves sin olvidar el auge del asma bronquial infantil, las infecciones comunes limitadas por las crecientes vacunaciones que debe administrar y programar, los trastornos del tubo digestivo, la nutrición normal y la específica para cada situación clínica o la vigilancia del crecimiento. Se añade la cada vez más extensa problemática psicosocial con el control del desarrollo, la detección temprana de la patología psicológica, desde los problemas del sueño y el fracaso escolar a la carencia afectiva y los trastornos de la conducta alimentaria o los problemas sociales como las urgencias, el abandono, el maltrato en sus múltiples formas y tantos otros que no es necesario detallar. Para ellos el pediatra de atención primaria tiene un especial ojo clínico o si se quiere un cierto olfato para detectarlos y eliminarlos antes de que lleguen a situaciones extremas donde se hace imprescindible con todas sus consecuencias la intervención formal del psicólogo infantojuvenil o del neuropsiquiatra biológico.

La obra comentada ha tenido muy en cuenta el panorama de manera sucinta aludido antes, como se puede comprobar revisando su sumario con 170 capítulos y 13 apéndices, para cuya redacción los Editores han tenido que contar con la colaboración de 251 autores, predominando los de actividad en atención primaria, pero también los especialistas en áreas y técnicas muy específicas y los máximos responsables de la docencia, como los catedráticos de pediatría. Igualmente una primera ojeada al sumario justifica el comentario previo, cuando se aprecia que a la tecnificada neonatología actual se le dedican 6 capítulos y a la complejidad de la hematología y oncología 8, mientras la dermatología se expone en 10 capítulos y todo lo concerniente a la salud mental y pediatría social abarca 21 capítulos. Por lo demás, poco se puede echar en falta incluso en la situación presente de grandes cambios o transformaciones en el terreno de la salud infantil.

Todo lo dicho hasta ahora no pretende más que resaltar de manera lógica el mérito de la SEPEAP en el patrocinio de este libro y el trabajo que ha supuesto para el Dr. José del Pozo Machuca y los otros Editores, desde la confección del sumario hasta la coordinación de colaboradores de tan distinta procedencia, evitando en lo posible contradicciones o repeticiones. Con la ayuda de los amigos de Ergon han conseguido un excelente y actualizado Tratado de pediatría de atención primaria, que será arma eficaz para la formación continua de los pediatras de habla hispana y tal vez para otros más si llega a ser traducida. Muestra una vez más la persistencia del libro frente a otros medios de formación e información, desde las reuniones, cursos y congresos hasta el Internet imprescindible. Por todo ello asumo la felicitación cordial de muchos compañeros para todos los implicados en esta obra, llamada a tener una amplia difusión entre todos los interesados en la salud infantil, empezando por los pediatras, pero también para otras especialidades médicas, psicólogos, pedagogos, asistentes sociales o enfermería.

Manuel Cruz Hernández
Catedrático de Pediatría
Profesor Emérito de la Universidad de Barcelona