20 oct. 2012

Temperamento del bebé.


Para saber interpretar la conducta de un bebé y sus necesidades se hace necesario conocer previamente su temperamento.  El temperamento es una combinación de rasgos heredados de los padres que va a influir en las reacciones emocionales, en la presencia de llanto y sus características  y en sus ciclos de actividad y sueño.
Hay cuatro temperamentos básicos:
            - sanguíneo
            - colérico
            - melancólico
            - flemático.

Una sencilla prueba, en lactantes a partir de tres meses, consiste en la estimulación sensorio motriz cutánea en las axilas o en la parte toraco-abdominal, es decir, hacer cosquillas. La respuesta nos va a dar idea del grado de reactividad ante el medio, respondiendo con sonrisas y aspavientos los bebés del tipo sanguíneo y colérico, los mismos que previamente han podido causar más noches de insomnio a sus cuidadores. Los tranquilos o menos reactivos a las cosquillas son los flemáticos, y si la apariencia es de un tono basal algo bajo, necesitados en el futuro de mayor sobreprotección y mimos,  decimos que tiene un temperamento melancólico.

Las abuelas, por su mayor experiencia y conocimiento de todos los miembros de la familia, suelen dar su opinión acerca de a qué individuo de la familia se parece el bebé en su comportamiento. No suelen ir descaminadas, sobre todo las abuelas maternas, mejor que las suegras. Bueno, también estas... Un saludito a todas. ¡Y buen rollito...!


Lo que expresa el bebé


Hasta que el niño desarrolla el lenguaje, seremos los adultos quienes le prestemos voz y atención. Mediante la observación se adquieren las claves para descifrar su estado y necesidades.  La relación entre una madre y su bebé es maravillosa y difícil de explicar. Entre ambos se establece un vínculo que durará toda la vida. Nadie conoce mejor a una persona que su madre, o quien ha ejercido dicho papel en su vida. Nadie mejor que ella para definir los estados de esa fuentecita emisora de ruidos,  aspavientos y olores que se halla en la cuna. Es tal la fortaleza de ese vínculo que, en casi todas las ocasiones, será la madre quien ponga palabras a los sentimientos del hijo, incluso cuando este ya es mayor: "A ti lo que te pasa es que tienes sueño" o " tienes miedo porque no te sabes la lección"; o "que estás enamorada/o...". Una madre, ya se sabe,  es una mezcla entre un detector de mentiras o máquina de la verdad, un entrenador personal y una fiel ama de llaves, con cocina y cuerpo casa. Para llegar a tal extremo de cercanía -no hay mayor, madre no hay más que una- se hizo necesario saber interpretar el lenguaje del hijo desde el mismo momento del parto.
La observación con atención consigue deducir los sentimientos del bebé. Y eso es algo que se desarrolla. Si ante un bebé con diez días de vida, su madre se puede mostrar inexperta e insegura, (momento donde abuelas, vecinas y personal sanitario a veces le toman la delantera, anteponiéndose a sus iniciativas), hacia a los ocho o diez meses podemos asegurar que ya no habráó﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽s cierto que ntera, anteponi.producido.o pocaas de estas se acompañan de un patrs lactantes del tipo sanguclos de acti mejor persona en el mundo para interpretar las cosas de su bebé que ella misma. Con la práctica la madre primeriza será experta, doctorándose en maternología  natural, porque todo es potenciable con el tiempo. Si bien, es cierto que durante los primeros meses, la madre aún no conoce bien las reacciones de su bebé. Puede tardar varias semanas en saber interpretar las características de su llanto, lo que está intentando decir con su postura en la cuna o con su actividad en el parquecito. Indudablemente,  conforme avanza el desarrollo, cerca del primer año, los cuidadores del bebé se van especializando en atender todas necesidades. Y será en ese primer año de vida donde se llegará a descifrar casi todo el código de la comunicación madre-hijo. El enigma del ser humano chiquitín. Las claves psico-fisiológicas del nuevo habitante del planeta.
Cuando llora un bebé, pocos saben a ciencia cierta si lo que le pasa es hambre, sed, incomodidad o dolencia. Si tiene mojado el pañal o le aprieta la ropa, o tiene calor o frío, o simplemente, está aburrido. Pero puede saberse, sin necesidad de hacer el MIR de pediatría o especializarse en enfermería pediátrica. Simplemente observando. Es fácil decirlo...
Si está sudando (comprobable tocándole la nuca con nuestros dedos) o presenta muy coloreada la cara podríamos deducir que está pasando calor. Refresquemos el ambiente.  Si le acercamos un chupete o nuestro dedo limpito y lo succiona con la misma avidez que haría un beduino a un polo de limón encontrado en el desierto, pues está claro: Tiene hambre o sed. Ofrezcamos algo de líquido o alimento. Pero todo llanto no será de hambre, si bien el refranillo "quien no llora, no mama" tiene mucho de verdad. Así, mediante el método ensayo error, la naturaleza provee de los medios necesarios para la crianza del bebé. Hasta los padres más incultos o alejados de la civilización sacan adelante a sus criaturas. ¿Por qué agobiarse, pues?
Se cree que la costumbre de besar a los hijos nació de la necesidad de tomar la temperatura, así se aplicaron los ultrasensibles labios maternos para percibir una sensación de calor o frío que discrepe con la del bebé. No había mejor termómetro, pues la mano suele estar más fría en invierno o con la inactividad. Y ya, de paso, unos ósculos de propina a ese bebé que, si está malito, con más razón.

Principales factores para interpretar las necesidades de un bebé:
Hay que vigilar:
- Caracteres del llanto.
- Expresión de la cara y los ojos.
- Postura corporal
- Movilidad
- Temperatura y color de la piel.
-Momento del día o de la noche en que aparece.
-Relación con las comidas (antes, después o en medio)
- Aspecto y volumen de heces y orina.
- Síntomas que presente: tos, vómitos, diarrea, náuseas.

Emociones.
Estudiando la expresión de la cara del lactante (de entre 3 y 12 meses) se ha llegado a objetivar hasta seis tipo de emociones en el bebé:
            -alegría, 
            -tristeza,
            -miedo,
            -enfado,
            -sorpresa
            - y asco.
No pocas de estas emociones se acompañan de un tipo de llanto especial (patrón sonoro). Este patrón acústico que recoge y analiza el tono, la intensidad, el timbre, las pausas, las horas del día en que se produce y cómo se consuela el mismo llanto, permite averiguar la causa ha producido el llanto.

10 oct. 2012

En la Consulta del Pediatra

  1. Tipos de consultas:
CLÍNICA A DEMANDA  (Problema agudo o crónico no demorable)
CLINICA PROGRAMADA (estudio, seguimiento, control de niño sano…)
DEMANDA ADMINISTRATIVA (“Papeleo”)
CONSULTA TELEFONICA (Duda puntual)
CONSULTA TELEMEDICINA (Internet, móviles)
EMERGENCIA (Gravedad extrema, 061…)


2. Tres preguntas esenciales para empezar.
1. Cuál es el motivo de la consulta.
2. Desde cuándo lo ha notado.
3. A qué causa lo atribuye.


3. NUNCA OLVIDAR MENCIONAR SOBRE:
ALERGIAS Y CONTRAINDICACIONES.
CAMBIO DE CONDUCTA  (sensación de enfermedad)
FIEBRE (ausencia o no)
LLANTO-DOLOR (momento, intensidad y frecuencia)
TOS-AHOGO (patrón respiratorio)
APETITO, VOMITOS, DEPOSICIONES (estreñimiento o diarrea)
ORINA (cambios de aspecto y/o molestias al orinar)

Yendo al pediatra


Los motivos para solicitar asistencia sanitaria en el paciente pediátrico son innumerables. 
A través de cinco supuestos, vamos a sintetizar diferentes situaciones y cómo preparase para ello.

1. Olga de 4 meses despierta a sus padres con llanto inconsolable. “Pueden ser gases”. “Tiene fiebre y parece que le duele el oído.” ¿Le damos algo? ¿Llamamos por teléfono? ¿Buceamos por Internet? ¿Acudimos a Urgencias? ¿Pedimos una cita normal…?

2. Esteban, de 11 años, estreñido desde siempre, y a veces le duele la tripa.

3. Vanesa, 3 años, ya le toca otra vacuna, y, de paso, preguntar acerca de los pies, porque la ven andar raro…

4. Fede, 5 años, fue visto por una faringitis. Al volver a casa, el cuidador no recuerda la pauta de antitérmicos para la fiebre.

5. Tobías necesita un justificante para el profe de gimnasia, porque convalece de un esguince de tobillo.

La bebé Olga reúne el caso que produce más diversidad en la respuesta. Se trata de una enfermedad aguda. Por suerte, no puede considerarse una Emergencia, pues su vida no corre peligro, como sería el caso de un accidente grave, una pérdida de conciencia, un episodio de ahogo, una hemorragia… en tales casos se avisa al Dispositivo de Emergencias Sanitarias o se acude al centro sanitario más próximo.

Tipos de Consulta 

La mayoría de las consultas suelen ser Clínicas a Demanda. Pedimos cita y queremos que nos atiendan, cuanto antes, si es por un problema agudo. 

Sin embargo, en los casos 2 y 3 se puede programar la visita con antelación, pues se busca el seguimiento de un problema de salud conocido que admite cierta demora. Hablamos de Consultas Clínicas Programadas. Ello no quiere decir que se trate de un problema leve (Esteban podría padecer algo más que su estreñimiento habitual), pero no presenta carácter urgente.

Cuando se pretende obtener solamente un documento (una receta, un justificante, un certificado) hablamos de Consulta Administrativa. Suelen ser más rápidas de realizar y, cuando el profesional conoce ya el caso, podrá emitirlo (Luisito -caso 5- se libra de unos días de gimnasia.) 

El teléfono puede servir para tranquilizar y resolver dudas puntuales, aparte de dar citas. Pero no debería constituir la base de un acto médico, salvo en casos conocidos, leves, o para aclarar un detalle puntual. Porque el médico tiene que explorar con los cinco sentidos, incluyendo el olfato. (En el caso de Fede estaría justificada una llamada aclaratoria: “siga esta pauta”). El ojo clínico no debe faltar, si bien a través de móviles y ordenadores se pueden ver imágenes tomadas a distancia (Telemedicina). Un mensaje ilustrado podría aclarar ciertos casos.
(Sus padres no saben que Olga padece una otitis, pero podrían comenzar con un analgésico antipirético (paracetamol), observar el resultado y, esa misma mañana, demandar asistencia. Probablemente ceda la fiebre y el dolor, lo que permitirá organizarse para la consulta solicitada. Pero son primerizos, y además es sábado. Así que van a dirigirse al Servicio de Urgencias que les corresponde, hecho que si se tratase de un bebé menor de tres meses estaría mucho más justificado, ya que el riesgo de complicaciones es alto en los recién nacidos con fiebre).
No es aconsejable bucear por Internet cargados de ansiedad. El estrés no deja asimilar lo que se lee (siempre se pone uno en lo peor). Y no todo el mundo posee los conocimientos suficientes para digerir la información. Además de asustarse, pueden transmitir esa ansiedad al personal sanitario y, en algún caso, generar actuaciones desproporcionadas (demasiadas pruebas, por si acaso). No es buena consejera la Red sin la guía correcta. Otra cosa es consultar las notas de su médico o algún manual de Puericultura básica. Lo suyo es consultar al pediatra.

Un Pediatra es un médico que, tras seis años de carrera de Medicina, aprobó el MIR y estuvo otros cuatro años adquiriendo experiencia en todos los campos donde el niño puede enfermar. Del recién nacido al adolescente, de los pies a la cabeza, de la epidermis a la médula ósea. Las incesantes horas de Atención Continuada (Guardias) aportarán un plus de experiencia al Médico Interno Residente, el cual, tras diez u once años de estudios y prácticas obtendrá el título de especialista en “Pediatría y sus Áreas Específicas”: una suerte de director de orquesta, interpretando esa sinfonía de órganos y sistemas en crecimiento, pues al pediatra compete la salud del ser humano desde su etapa embrionaria hasta que culmina su desarrollo (hacia los 20 años), aunque oficialmente se haya fijado a los 14 años en España. En esa orquesta, el director no tiene porqué ser el mejor instrumentista. Posiblemente el violinista le dará cien vueltas en su especialidad musical; y el de los timbales sabrá golpear el cuero mejor que nadie… pero el pediatra es el coordinador de la promoción, prevención y devolución de la salud infantil y juvenil, porque posee una amplia visión de conjunto. No obstante, en no pocas ocasiones se hará necesaria la Derivación hacia otro especialista o servicio (ORL, Alergia, Ortopedia…). 

Como el Médico de Familia en el adulto, el Pediatra es el que mejor puede conocer la historia de salud de su paciente.

El Médico de Familia también está facultado para atender niños. En algunos centros, los pacientes mayores de siete años se adscriben a uno u otro profesional, máxime cuando acucia la falta de pediatras. Indudablemente, si el Médico de Familia acostumbra a ver pacientes pediátricos y se mantiene actualizado resolverá una buena parte de los casos sin necesidad de derivarlos a un servicio pediátrico.

La Enfermera posee un gran papel en la atención pediátrica. No solo para administrar vacunas, realizar pruebas complementarias, o curas, sino en la promoción de la salud, por su proximidad a la Historia Familiar, ya que trata con sus padres y cuidadores.
No conviene liarse recabando opiniones profanas por muy bien intencionadas que nos parezcan. Si tres personas aconsejan una determinada actuación, habría que revisar qué facultades poseen estas para influenciarnos. La abuela, la vecina y un amigo pueden opinar, y a veces aciertan, pero “las opiniones hay que ponderarlas, no contabilizarlas.”

Decidida la necesidad de asistencia pediátrica, habrá que solicitar la cita, avisar que se va a ir. Explicar al niño mayorcito a dónde va; que es por su bien; que su médico lo va a curar y poner bueno. En ningún caso debe sentir la visita como un castigo. La exploración se dificulta ante el niño asustado y llorón. (“¡Ves, ahora te tendrán que pinchar!” Los pediatras, aunque no seamos encantadores personajes de Disney, tampoco representamos al brazo castigador de la familia por haber andado descalzo o no haberse comido todo el plato.) Llevarle algún juguete. Procurar ser puntuales (prever las incidencias de tráfico y aparcamiento). Tener anotada la evolución del cuadro. Acordarse de los medicamentos que toma (o llevar las recetas, envases o prospectos), así como sus alergias y medicamentos contraindicados.