29 jun. 2013

Reposo, Observación y Dieta

- ¿Qué te ha mandado el médico- ¡Nada...!
A veces, los padres o cuidadores salen de la consulta con la sensación de que el niño no padece nada, porque no se le ha recetado ningún tipo de medicamento. Algunos incluso pueden mostrarse contrariados o no complacidos, pues no se van de la consulta con un fármaco prescrito, una indicación con la que acudir a la Farmacia. Sin jarabe o sin pastillas, parece que estamos dejados de la mano de Hipócrates.
Por fortuna, esto cada vez es menos frecuente. Pero aún sucede.
La población es consciente de que lo consejos del profesional ayudan a la sanación. Así, cuando se escribe o se recomienda:
Reposo
Dieta blanda.
Observación domiciliaria
se está recomendando un tratamiento muy completo, muy curativo y no siempre fácil de seguir.

De acuerdo, el paciente puede que no esté grave, que no precise de fármacos, de remedios del Vademecun, pero ha de sujetarse a un régimen, a unas normas, pues tampoco se trata de un sano.

Con REPOSO decimos que no está para irse a jugar a la calle, ni al parque de atracciones, ni a una fiesta de cumpleaños, a saltar por un tobogán o zambullirse en un piscina de bolas chocando con otros niños en jubilosa algarabía lúdica. ¿Puede bajar a la playa? Pues depende. Para tirarse desde el Peñón de Salobreña, desde luego que no...  De acuerdo: no ha de guardar cama, tal vez, pero ha de permanecer tranquilo, sentado o tumbado, o tal vez andando sin prisa y sin peligros, sin cambios de temperatura excesivos en un entorno vigilado. El viaje no tiene porque estar contraindicado, siempre que no vaya al Desierto del Gobi o similar... Los vehículos suelen ser cómodos y en el lugar de destino habrá donde acudir si empeorase, digo yo...

Vigilado, porque se recomienda OBSERVACIÓN. Es decir, no hemos de quitarle la vista de encima. Ver cómo evoluciona. No olvidarnos de él. "Hale, ya lo he llevado al médico, que dice que no es grave y que no hay que darle medicinas, pues ahí se queda en su cuarto o el el cole o jugando solo... Hay que controlarlo. Por que las enfermedades cambian. Se desarrollan. Evolucionan. Y lo que comienza como un simple mareo, o un dolor de barriga, puede acabar en un cuadro peor. No se alarmen. Esto sería lo menos frecuente. Pero no hay que descartarlo. Habrá que mirarlo, explorarlo de vez en cuando, hablarle, tomarle la temperatura, desnudarlo por si aparecen manchitas, hacer que camine un poco, que doble el cuello, comprobar que nos ve y nos oye, que no le ha aumentado el dolor o la fiebre,  fin... Observar es amar; como la madre se enamora de su hijo en la cuna, extasiada, y se lleva la alegría de constatar cómo va recuperando las ganas de jugar o de comer... Así se quiere cada vez más a los hijos.

Comer. ...Por último, cuando se dice DIETA BLANDA, estamos recomendando cuidado con las comidas, en cantidad y calidad. No está para hartarse en un cumple, una fiesta, ni con churros, fritangas o platos alpujarreños; ni con una mariscada en las bodas de oro de sus abuelos, ni con guisos muy especiados y pesados como una migas cortijeras. Elemental. Ya lo sabemos. Pero no está de más recordarlo. Nos jugamos su salud. De ahí que la  dieta líquida estricta al comienzo sea lo mejor, (6-12 horas)  para no dar trabajo al aparato digestivo, y así evitamos vómitos, tan frecuentes al comienzo de cualquier proceso, no solo de asiento en el aparato digestivo y más frecuente cuanto menor es la edad del paciente. Todos sabemos lo fácilmente que vomita un lactante ante simples afecciones catarrales.

El niño enfermito debe comer lo que nuestras abuelas daban a nuestros padres cuando estaban malitos: sopitas, purés, pollo o pescado a la plancha, jamoncito y queso fresco. Y una fruta madura o cocida (manzana asada,...) Y mucha manzanilla, suero o agua. Y poco más. No la vayamos a liar. Ni siquiera las ensaladas de hoja verde, ni las legumbres tan sanas y ricas en fibras, debemos ofrecer, al comienzo, cuando el niño está pachucho, indispuesto, pintón, raro o sospechoso, pues son más indigestas. Por lo menos en las primeras 24/48 horas de evolución.

Reposo, observación y dieta blanda son los pilares de la terapia en Pediatría. Con esas tres cosas, créanme, hemos curado más que con infinidad de fármacos. Los consejos también cuentan. Pero habrá que cumplirlos.