22 oct. 2014

¿Lo llevamos a la guardería o no? (I)

Los niños de guardería inicialmente son más despiertos, manejan un vocabulario más rico, y pueden mostrarse más hábiles en ciertas destrezas psicomotoras, alcanzando los hitos del desarrollo, probablemente, en un tiempo menor, debido a la estimulación del grupo.  Y esto es muy bueno.
Por otro lado, esta escolarización de niños de muy corta edad (de cero a tres años) supone un aumento en la incidencia de patología infecciosa, y quizá también de otras, respecto a los niños cuidados en el medio familiar. La consulta diaria nos demuestra que las visitas por procesos febriles se verán incrementadas durante los primeros meses; que debemos adoptar, en cuanto respecta a vacunaciones, un seguimiento aún más estrecho que frente al niño no escolarizado tan precozmente; y que, en buena medida, esta socialización temprana modulará nuestras pautas de tratamiento, siendo una consecuencia directa el mayor consumo de antimicrobianos.

Un poco de Historia de la Guardería
Las guarderías son instituciones donde aguardan los niños mientras sus padres están trabajando o realizando cualquier otra actividad, alejados de sus hijos. Parvularios, jardines de la infancia o escuelas maternales se han venido utilizando como sinónimos de estos Centros de Educación Infantil, si bien la costumbre ha impuesto el término guardería. La aparición de las guarderías tuvo lugar en Europa en el inicio del siglo XIX como respuesta a la incorporación de las mujeres en la industria. La ausencia de las madres de sus viviendas provocó que muchas instituciones caritativas se ocuparan de sus hijos mientras ellas trabajaban. Actualmente se consideran imprescindibles para el desarrollo económico y social de la familia, de la sociedad en general, y llevan aparejadas ciertos costes directos en la salud infantil. Aunque su finalidad inicial era el cuidado y la alimentación de los bebés, hoy las guarderías actúan en el campo educativo, ayudando en el desarrollo integral del niño.
Existe una normativa estatal y municipal que regula las condiciones de las guardería, con objeto de que los niños estén cuidados por personal cualificado y se cumplan todas las normas de seguridad: número de niños por unidad escolar, espacio, educadores, infraestructuras, etc. Así, el Real Decreto 1004/1991 recoge los requisitos mínimos de los Centros que imparten Educación Infantil de 0-6 años, estableciendo un número máximo de alumnos por unidad escolar: menores de un 1 año, ocho niños; de 1-2 años, catorce niños; de 2-3 años, veinte niños; y de 3-6 años, veinticinco niños.

REPERCUSIONES EN EL NIÑO
La guardería repercute en el niño en el aspecto físico y psicológico en función de su edad, tiempo de estancia, nivel socioeconómico, etc. Pero además de los beneficios de la socialización y aprendizaje, destaca una consecuencia fundamental derivada de la exposición más temprana e intensa a los agentes infecciosos, sobre todo virus, debido al contacto con otros niños o adultos enfermos. Las enfermedades infecciosas parasitarias también son más frecuentes, especialmente pediculosis  (piojos) y oxiuros (lombrices); siendo la prevención bastante difícil cuando la convivencia es muy estrecha. La época del año que comprende los meses de noviembre a marzo convierte a las guarderías en un lugar ideal para que numerosas enfermedades se transmitan entre los niños. Las más comunes tienen su diana en el árbol respiratorio: bronquitis, bronquiolitis, laringitis, neumonías, etc.
El ingreso en la Guardería
Es bastante frecuente que al pediatra se le incardine en la toma de decisiones sobre si llevar al pequeño -y cuándo- a la guardería. Cabría, pues, preguntarse cuál es la edad adecuada para que el niño inicie su actividad social y escolar. Aunque no está estipulada una edad ideal para el ingreso en una guardería, muchas sociedades de Pediatría recomiendan los dos años como la edad más precoz. En cualquier caso, no se recomienda antes de los seis meses, ya que su sistema inmunitario es más frágil. La caída de la inmunoglobulina G (que atravesó la placenta, como regalo y escudo materno) desaparece entre el 4º y 6º mes, activándose en el segundo semestre la producción de IgM específica en el lactante, conforme se inicia el contacto con los antígenos ambientales. Indudablemente en edades posteriores, el contacto con los mismos agentes infecciosos puede no afectar tanto a la salud del niño o, en todo caso, provocarle trastornos mucho más leves. Se ha estudiado una relación inversa entre la presentación de cuadros de alergia y la escolarización temprana, apuntándose que la producción de anticuerpos destinados a defensa infecciosa mermaría beneficiosamente el potencial de hipersensibilidad futura. Según esto, menos alérgicos se contarán entre quienes asistieron a guardería.
Es también muy importante estar atento al número de horas que cada niño puede soportar fuera de casa, sin que represente para él un esfuerzo excesivo. Las respuestas deben tener en cuenta las necesidades del niño dentro de cada familia, según su nivel socioeconómico y la red de apoyo sociofamiliar de la que dispone en su entorno.

EL PRIMER DÍA EN LA GUARDERÍA
La primera vez que el niño hace frente a la separación del núcleo familiar para internarse en una guardería puede ser una experiencia algo traumática, en función de muchas variables, como son el medio social del que proviene, el temperamento del niño y, por supuesto, el propio centro: profesionalidad de los educadores, la distribución del espacio, la decoración de los interiores, la animosidad del personal en el recibimiento... El menor va a pasar a un medio desconocido, rodeado de iguales y superiores, cargado de estímulos -del que el olfato es muy importante- y de agentes infecciosos, donde, va a cambiar la relación específica de soporte que venía disfrutando (o padeciendo) en el ambiente familiar del que procede. Este cambio, en algunos pequeños, puede acompañarse de ansiedad, de un malestar que recoge un sobre-esfuerzo importante (madrugones, viajes cansinos, esperas prolongadas), o puede ser vivido, en la mayoría, con más normalidad, incluso con júbilo: el niño necesita jugar y conocer. En muchos casos, se realiza una adaptación progresiva: los primeros días el niño asiste al Centro en compañía de su madre para familiarizarse con el aula, los educadores, los compañeros...Luego acude solo por un tiempo corto, que se va alargando a medida que el niño va dando muestras de comportamiento tranquilo y adaptado. Este sistema facilita que el niño alcance las mejores condiciones para aceptar la separación del medio familiar y que su primera relación con el medio escolar sea grata.
Antes de los tres años, el esfuerzo por esta mudanza temporal y discontinua que supone la guardería, puede someter a un estrés que ponga a prueba el eje hipotálamo-hipofisario y así, se desencadena una respuesta de adaptación; no siendo raros, en las primeras semanas los trastornos en horarios de comida y sueño, o en el control de esfínteres, si lo hubiese alcanzado. En niños mal adaptados, más irritables o llorones, el exceso de cortisol plasmático, fruto del estrés continuo, podría provocar una linfopenia que entorpeciera la respuesta inmunológica ante los procesos infecciosos (hipogammaglobulinemia transitoria del lactante). Al enfermar, se puede afectar el apetito; los niveles del estado nutricional y defensivo bajan, ya que los anticuerpos son fracciones de proteínas del plasma, con lo que se podría iniciar una espiral contraproducente. Cuanto menor es el niño, las infecciones incumben a más sistemas y órganos (solidaridad funcional), complicando el diagnóstico del proceso primario.


Infecciones de guardería

Las infecciones más habituales de las guarderías son las mismas que se producen fuera de ellas y la mayoría son producidas por virus. Prevalecen las de tipo respiratorio y le siguen las infecciones gastrointestinales, las cutáneas y las oculares. Dentro de las infecciones respiratorias, las más frecuentes son las de vías altas. Suelen ser infecciones banales, aunque pueden provocar fiebre y disminución del apetito, lo cual va a motivar la preocupación de los padres. A veces, pueden complicarse con otitis y sinusitis, precisando tratamiento con antibióticos (poco necesarios, como es sabido, para la mayoría de los procesos por debajo de los tres años). Así, se ha señalado que el 14% de todas las otitis antes del cuarto año podrían evitarse si no se llevase el niño a la guardería, lo cual hay que tener en cuenta en caso de pacientes con múltiples recidivas, cuyas consecuencias, mal tratadas, podrían acarrear numerosas hospitalizaciones, pérdida de audición y una repercusión negativa en el desarrollo del lenguaje.

12 oct. 2014

CELOS: CUANDO LLEGA UN HERMANITO

La llegada de un hermanito a la familia puede suponer un cambio de drásticas consecuencias para el que hasta entonces era el pequeño rey de la casa. Este hecho marcará un antes y un después en su corta existencia, dando lugar a un reordenamiento en sus esquemas existenciales y asistenciales pasando de ser el centro de la familia a ser uno más de esta.

Privilegios, atenciones, posesiones, que hasta entonces habían sido exclusivamente para él, pasan a ese desconocido que, dentro de la mente del niño, le está “quitando” el cariño de sus padres.

Para evitar ese pensamiento, es necesario actuar antes del nacimiento del bebé hermanito, haciendo al hijo mayor partícipe en el desarrollo evolutivo del embarazo. El niño ha de ver desde el principio al bebé como algo suyo y no como un "alien" que crece en la barriga de "su" madre. Es su hermanito (casi mejor no llamarle por el nombre al principio) y él deberá enseñarle un poco de la vida, adiestrarle y defenderle del exterior. Será su guardaespaldas. Más o menos. Con ese papel se sentirá más protagonista el destronado hijo.

Aquí la edad y madurez del niño juegan un gran papel, de manera que habrá niños que aceptarán sin reparo su nuevo rol, el de hermano mayor, y otros que verán en el bebé a un enemigo al que han de vencer.

Cuando el segundo niño viene muy seguido, y se lleva menos de 2 años con el mayor, el proceso será mejor asumido que si existe una diferencia entre 3 y 5 años, donde puede ser más consciente del destronamiento.

Por otra parte cuando la distancia es mayor de 6 años, asistimos a un hermanamiento casi paternal. Así la niña de 10 años puede ver a su hermanito recién nacido casi como un hijito, considerándose ella su segunda mamá y, por consiguiente, no rivalizará.

Pero todo esto es muy relativo, porque hay niños y niños, y niñas y niñas, claro.

Es importante, ante comportamientos inapropiados, no usar al bebé como arma, de manera que no se ha de decir que se quiere más al hermanito que a él, o que le van a quitar el cochecito/muñeca y se lo van a dar al hermano si se sigue portando mal. Tampoco se ha de recurrir a medidas físicas, faltaría más, ya que estas van a perpetuar las conductas, incluso en la edad adulta.

Casi es mejor establecer complicidad con el hermano mayor en el sentido de "burlarse cariñosamente" del bebé. Con cuidado.
"Mira, tu hermanito no sabe hacer pis en el orinal, y tú sí".
"Tu hermanito solo toma leche en biberón y tú ya sabes comer con plato y con cubiertos". 
Lo malo de esto es que le damos la clave al hermano mayor de cómo llamarnos la atención, cómo mantenernos absorbidos por él. Es la técnica de la involución, del retorno al pasado. Etapa por la que pueden pasar, demandando el chupete de nuevo, o el biberón, o incluso dormir en el cuarto de los padres... para evitar esto, que suele pasar como parte del proceso de los celos, lo mejor es pactar con el niño. 
De acuerdo, tú eres un bebé otra vez, entonces no te podré dejar que hagas cosas de niños mayor.
No te dejaré ver la película, o... no te compraré alguna chuche, o... no te dejaré jugar a ese juego de niño más grande... porque tú has decidido volver a ser un bebé, y los bebés tienen pañales y no van al cine. Etcétera.

Más información en etiqueta sobre rabieta, recordando que debemos censurar la conducta, pero no la integridad del niño, y por supuesto alabar y felicitar toda buena actuación. Los niños son como actores narcisistas, que buscan el aplauso y reconocimiento en sus acciones. Mostrémoslo.

Por último, para consolar a los padres que les viene grande la ampliación de la familia, traigo ese viejo aforismo: "Donde comen dos, comen tres..." O este otro, que hace referencia a que vas a padecer similar sacrificio con uno que con dos o más hijos: "Lo mismo huele un ajo que la ristra" (de ajos)

En fin, "ajó al nene" y que ustedes los críen bien. A todos.